ARTE/ARTE CONTEMPORÁNEO

EL METODO ABRAMOVICH EN PRIMERA PERSONA

Por Mariano Barrientos

Madrugada del 28 de abril, una mañana fria que amenaza con acompañar el paisaje porteño con lluvia. Una centena de personas se hacen presente en masa, con un solo motivo: ser “discípulos” de Marina Abramovich, la artista pionera en el mundo de la performance, la famosa mujer que comparte miradas profundas que llegan hasta las lagrimas en algunos casos, la mujer que grita y exhibe el dolor en carne propia (literalmente), la que incursiona en la reacción de una sociedad violenta utilizando su cuerpo como carnada. Esa misma.
Esta vez todo es diferente, ya que en el marco de la primer Bienal de Performance, ella misma nos hace participes de su actividad: “El metodo Abramovich”, una serie de ejercicios que incursionan en la repetición, la calma , la soledad y la lentitud, entre otros sentimientos encontrados.
Para comenzar, me veo obligado a despojarme de mi celular, de mis llaves y de mis objetos personales, nada más que mis sentidos y yo. Al momento de ingresar en la sala de la UNSAM, me proveen de un auricular anti-sonido y se me indica que no me los puedo quitar mientras dure la performance (ocho horas en total). Al acceder a esta consigna, me pruebo los cómodos auriculares y al instante pierdo el sentido auditivo. Me toma de la mano una de las asistentes que me conduce a una tarima y me indica que cierre los ojos, es ahí cuando pierdo el sentido de la vista. Mi olfato se agudiza de una manera que jamás noté y poco a poco pierdo el tacto, me siento en la plena oscuridad, mi única compañía es el calor humano, lo siento a mi alrededor, me acaricia, al igual que el perfume de las personas que me rodean.
De repente abro los ojos y veo a Marina, con los ojos cerrados, caminando de la mano y en cámara lenta con una mujer mayor. Una de las guías me invita a marchar con ella lo más lento posible. En total concentración sigo las instrucciones y miro a los ojos a todas las personas que caminan junto a mi, y como si fuera una coreografía ensayada y lineal, todo el ambiente se transformó en absoluta paz.
Pasan minutos, quizás horas y mi cuerpo se fatiga. De hecho me angustia el hecho de no poder escuchar y es en ese instante, cuando quiero llorar. Me recuesto en un catre y me duermo, no se por cuanto tiempo, pero a la hora de despertarme, no abro los ojos y me imagino en otra dimensión, sordo una vez mas e inconsciente de mi entorno.
Me levanto y me invitan a una larga mesa donde me siento y recibo un puñado de arroz y lentejas: “separe y cuente” indica el cartel y eso es lo que hago por mucho tiempo. Pierdo la cuenta, me siento carecer de sentidos, y en ese preciso instante, la experiencia se da por terminada.
Me quito los auriculares y todo vuelve a la anormal normalidad. Es ahí cuando rescato el valor que tienen mis cinco sentidos y puedo valor haber participado de esta experiencia particular del workshop dirigido con maestría por una persona sabia como Marina.
Este evento quedará marcado por siempre en mi memoria como un encuentro personal sin precedentes.

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