TEATRO

ANALIZAME: “APATRIDA” de R. SPREGELBURD

APATRIDA

Doscientos años y unos meses

Dramaturgia, Actuación y Dirección: Rafael Spregelburd

Musicalización: Zypce

Del valor y del poder de la palabra

Apátrida Banner chico_ En mejor resolución

Por Raquel Tesone / Sergio Leonardo Theaux

Fotos: Ale Star

La crítica de arte tiene un protagonismo de vida o muerte en esta obra teatral. Allá por el 1891 cuando un artista y un crítico se entrecruzaron cartas, y con un lenguaje casi poético llegaron a desafiarse exponiendo realidades históricas. A través de la crítica a la pintura sumada a los prejuicios morales, se reflejan los atravesamientos de una sociedad aristocrática y reprimida. 

Estos dos seres, haciendo de unos tipos que revalúan el valor de la palabra en una época, donde la palabra lleva a todo (¿o nada?), y donde todo se pone en juego, nos disparan reflexiones acerca del poder de la palabra. Palabras que hieren, palabras que satirizan, que duelen, separan y matan. Gracias al psicoanálisis y también a la literatura, sabemos que las palabras tienen otro poder: curan heridas, alivian dolores y hace más soportable lo real, y más y más.

Sófocles, decía que “una palabra es suficiente para hacer o deshacer la fortuna de un hombre”. Sino supiéramos que esta historia está basada y documentada por Viviana Usubiaga, y que Eugenio Auzón, el crítico, y Eduardo Schiaffino, el artista plástico, fueron personajes de la vida real, uno podría pensar que el debate encarnizado que  mantuvieron hasta llegar a batirse a duelo, fue un delirio del dramaturgo. Pero esto ocurrió y son hechos reales, donde lo que se discutía era la identidad de los artistas y del arte. El nacionalismo versus la extranjerización del arte. Auzón, luego de la muestra Schiaffino, sentenció: “Sólo habrá un arte argentino dentro de doscientos años y unos meses”. Schiaffino reaccionó casi con violencia, defendiendo la argentinidad del arte con argumentos ultranacionalistas avalados por la burguesía reinante. La cuestión de quiénes somos los argentinos y de la especificidad que dota de identidad a nuestro arte, se plantea con crudeza. Al mismo tiempo, se juega la problemática compleja de nuestros orígenes europeos donde la idealización de aquello que nos viene de afuera, sobre todo de Europa, impregna de manera dominante el arte contemporáneo.

Más allá del debate singular que libran estos personajes, entre lo que es “nuestro” y lo “ajeno” en el arte, esta obra nos permite visualizar, en forma microscópica, el germen del narcisismo de las pequeñas diferencias (el yo y el otro). Al decir de Freud, es ese narcisismo que, alcanzando su punto extremo puede llegar a desatar guerras mundiales. ¿Podemos pensar éste mismo debate entre un musulmán y un judío? Y si lo pensamos macro, ¿entre una multitud de musulmanes y una multitud de judíos? ¿Y entre dos naciones distintas? ¡¡Y porque no!?  Resultado: una guerra interminable.

Una pieza sólida de Rafael Spregelburd, quien con soltura, picardía lindante a la ironía, una sonoridad musical y dialéctica impecable, nos mantiene esperando un final que se acelera transportados en un tiempo de valores justificables por la época. El marco acelera los tiempos de un final que paga en lucidez y ritmo.

Otro trabajo de Spregelburd en equipo con Zypce con su original musicalización e intervenciones, conformando una dupla admirable, y que, como siempre, nos lleva a reflexiones muy profundas sobre la humanidad misma.

Apátrida (2) Foto Ale Star

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