PSICOLOGIA/PSICONALISIS APLICADO

“NO LLORO DE POESÍA / QUE LLORO DE VERDAD” de EZEQUIEL ACHILLI

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No lloro de poesía / que lloro de verdad, ¿llora la ficción o lo hace su realidad?, mi luz se va extinguiendo / por vaga eternidad. / ¿Su agonía es la muerte o sufre, como Borges y otros tantos, la eternidad? Si Federico García Lorca viaja, cuando hace poesía, desde su angustia hasta el amor (o su reverso; la indiferencia) y desde éste nuevamente hacia la angustia, y nos hace sentir eso que piensa en el presente en que lo leemos, ¿cuál es la diferencia entre su ficción, con las palabras que escribe en sus cartas? “…estoy convaleciente de una gran batalla, y necesito poner en orden mi corazón. Ahora sólo siento una grandísima inquietud. Es una inquietud de vivir que me parece que mañana me van a quitar la vida”. O en la carta a Sabestià Gasch, cuando dice: “… […] mi estado espiritual no es muy bueno, que digamos. Estoy atravesando una gran crisis sentimental (así es) de la que espero salir curado… […] y firma; Esta carta no es más que un grito de, Federico.” (García Lorca, F., pp. 1644) ¿No grita acaso la poesía? Federico lo es, un grito, una poesía. ¿Un grito no es poesía? “…Mi corazón oprimido / siente junto a la alborada / el dolor de sus amores / y el sueño de las distancias”. Una carta no (necesariamente) es poesía, pero si la escribe un poeta… Con esas palabras Lorca parte de España para escribir desde EEUU, Cuba, Argentina…

Pero ¿escribe ficciones, Lorca, o borronea realidades? En “Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico” Freud señala que el arte logra una especie de reconciliación entre los dos principios, el de placer y el principio de realidad, ya que el artista se enajena de la realidad a través de la fantasía, dando libre curso a sus deseos. Pero él encuentra el camino de regreso desde ese mundo plasmando su fantasía en un nuevo tipo de realidad efectiva; la palabra.

¿La palabra es síntoma? Para López Alonzo, un pensador de Lorca, sí. ¿Puede llegar a serlo la poesía? Si un síntoma es una manifestación de lo inconsciente debe ser formulado en presente. Lo inconsciente lo es (presente), por eso lo es el sueño, el acto fallido,… Lo mismo parece suceder con el síntoma y su dolor (son presentes); el del cuerpo, el del alma…  el de la realidad, el de la ficción…

¿Por qué hablo en presente cuando decido hablar de Federico García Lorca? Federico es poesía, palabra y síntoma. En una entrevista de 1935, sorprende a más de un argentino; “En mí, la ambición de autor es una cosa natural, como el ver o el hablar”. Y formula una frase que hoy se repite sin saber de dónde proviene; “Escribo, porque, si no, me pudro por dentro”. (García Posada, M., pp. 567-8) Escribo en presente porque Lorca pide a gritos seguir viviendo, escribiendo, y mantener el síntoma de la poesía que lo salva al igual que sus cartas…

Hablo de García Lorca y hablo de él, que de niño también pinta para su madre -en 1927 presenta sus pinturas en Barcelona-. Criado fuera de su hogar y separado de sus padres tras la depresión postparto de su madre ficcionada, y sin la ternura que la nodriza Dolores “la colorina” regalaba a sus hermanos, solo Lorca, y obedeciendo al imperioso categorismo de su alma comienza a componer para su madre, y tocar su sevillana preferida. Y así nace. Lorca nace de la música del piano de Lorca, su madre, y a Vicenta le canta; –Con el vele, vele, vele, manojito de claveles, que me dio a mí un Sevillano. Qué bonito y que bien huele…- Compositor, identificado, rápidamente se reconoce en sus acordes, quizás con intenciones de sacar a su madre de la depresión con esas canciones que levantan hasta muertos. Y justo a través de lo único alegre que parece haber en Federico. Pero Lorca vive de sangre apurada, y comienza a escribir. ¡Esta guirnalda! ¡Pronto! ¡Que me muero! / ¡Teje deprisa! ¡Canta! ¡Gime! ¡Canta! / Que la sombra me enturbia la garganta. Une, pega identidades, como sólo él puede hacerlo en sus poemas del Cante jondo donde toca un piano que todos ven y pocos saben escuchar.

Según Marful Amor; “En la obra gráfica (los dibujos neoyorquinos) de Lorca es posible detectar el impacto de la crisis; la temática anterior, en general más amable -vasos de cristal, mujeres de grandes ojos, naturalezas muertas-, se ve sustituida por personajes que lloran, manos y cabezas cortadas de las que brotan gotas de sangre, a la vez que incluyen palabras como “ay” y “amor” (al estilo de Frida) que los hacen más inquietantes. …Las referencias autobiográficas son constantes”, tanto como el astro de la noche.

Como él dice en una nota autobiográfica, (García Lorca, F., pp. 1167), donde como leerán habla en tercera persona; “…la vida del poeta en Granada hasta el año 1917 es dedicada exclusivamente a la música. Da varios conciertos… como sus padres no permitieron que se trasladara a París para continuar sus estudios iniciales, y su maestro de música murió, García Lorca dirigió su (dramático) patético afán creativo a la poesía”.

García también nace por la poesía que recitaba García, su padre, un hombre que poco estaba en el decir de Federico, pero que su poesía lo hacía omnipresente.

Federico García Lorca nace del arte y del arte se nace siendo artista. Hombre de mundo y hermano de todos, su fuerza vital, entre el juego existencialista y la maldición por preguntarse al respecto, lo hace descubrir (viajando) que “…la aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras buscando entre las aristas nardos de angustia dibujada. La aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible”. La angustia se dibuja en sus obras, las dibuja, como lo hace de niño. La tristeza que tuvo tu valiente alegría. / Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, / un andaluz tan claro, tan rico de aventura. / Yo canto su elegancia con palabras que gimen / y recuerdo una brisa triste por los olivos”. “Mi querido Jorge (Zalamea);…Ahora tengo una poesía de abrirse las venas, una poesía evadida ya de la realidad con una emoción donde se refleja todo mi amor por las cosas. Amor de morir y burla de morir. Amor. Mi corazón. Así es… Federico”. (García Lorca, F., pp. 1664) ¿Una poesía evadida ya de la realidad? ¿Antes no lo estaba? Federico es un emotivo idealista (si me permiten el oxímoron), que habla de la vida a través de la muerte. Necesita más, pide más, y hace, ¡quién sabe cuánto más hubiera hecho! “Dejaría en éste libro toda mi alma. Este libro que ha visto conmigo los paisajes y vivido horas santas. Qué pena de los libros que nos llenan las manos de rosas y de estrellas y lentamente pasan”.

El 5 de mayo de 1929, en un homenaje en el hotel Alhambra Palace, dice a su público; “Necesito del silencio y la densidad espiritual del aire granadino para sostener el duelo a muerte que sostengo con el corazón y con la poesía”. Aquí, ambas cosas, realidad y ficción, son lo mismo. Su poesía lo salva de su corazón, ¿hace eso síntoma? ¿Salva de algo un síntoma? Si partimos de la idea, pensada por muchos quizás -en los pasillos-, de una sublimación que podría funcionar como mecanismo de defensa del yo, lo que éste genera (aunque no necesariamente para Freud), su resultado, sería un síntoma. ¿Podría ser el arte una formación de lo inconsciente? O ¿el arte se forma a pesar del síntoma? ¿Puede la ficción estar al servicio de apaciguar el dolor en la realidad? Sin duda, pero, ¿la ficción como síntoma? ¿El síntoma tal como lo creemos conocer? Si lo es, es evidente que en Federico, al menos en nuestra lectura, es suficiente.

La luz de la aurora lleva / semilleros de nostalgias / y la tristeza sin ojos / de la médula del alma. ¡Gran hallazgo conceptual de Federico, describir a la angustia como una tristeza sin ojos! La tristeza mira hacia adentro y, él es por dentro que se está mirando y nada logra ver salvo con el sonido de las palabras. Yo no quiero más que una mano; / una mano herida, si es posible. Así, el amor (en la ficción de Federico) es su muerte; La gran tumba de la noche / su negro velo levanta / para ocultar con el día / la inmensa cumbre estrellada. Quizás sea otro aspecto de la ficción del que estamos hablando, el de la mentira, porque en el arte en general, existe una gran “mentira” donde hay convención. La subjetividad opera en la ficción, la realidad y la verdad (y en su contracara) por la sublimación. Ficción proviene del verbo fingir, pero esto no es meramente algo del orden imaginario porque cuando es eficaz, como en la fantasía, genera angustia. Esto le da estatus de realidad y de verdad. La ficción entonces, de la misma manera la fantasía, opera como realidad.

En “El malestar en la cultura”, una poesía en presente de Freud, se desarrolla el tema de las satisfacciones sustitutivas que proporciona el arte, como ilusiones respecto de la realidad, pero no por ello menos efectivas en lo anímico. También habla sobre los beneficios del “corporizar” a través de la palabra a la fantasía, como también lo procura el investigador en su búsqueda, y allí cobra sentido la eterna pregunta por la muerte.

Pero ¿quién dijo que Lorca murió, si es un artista? ¿Acaso Gardel no canta cada día mejor? Existe en él una relación con la muerte y dejar de existir para los demás, que no debemos dejar de lado porque es centro en un artista. No te conoce nadie. No. Pero yo te canto. / Yo canto para luego tu perfil y tu gracia. /…Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca. Su amigo Philip Cumming recuerda un viaje en tren y la conversación con el poeta; “… hablamos del sentido de la vida y de que el hombre juega al escondite con la muerte… es venir de ningún sitio y estar en todas partes rodeado de lágrimas…” (López Alonzo pp. 233) Lo dice -siempre habla del tema- y también lo escribe en la carta a su Melchorcito, como gustaba llamar a su querido Fernández Almagro; “…me permito escribirte para recordarte que existo… Yo trabajo… (No me digas nada), trabajo para morir viviendo. No quiero trabajar para vivir muriendo. Me renuevo. Federico (ex poeta)”.

De regreso a su república, dice; He cerrado mi balcón / porque no quiero oír el llanto / pero por detrás de los grises muros / no se oye otra cosa que el llanto. Escribe Yerma, Doña rosita la soltera, y Bodas de sangre, donde da vida a lo existente (la Bernarda de enfrente, la noticia del amor de Paca con su primo en Armería,…) y la muerte, que ondea el drama dándole sentido y palabra al alma. ¿Representan sus personajes, “premoniciones” de su (real) vida y muerte trágica, ese vivir muriendo? El síntoma viene precisamente al mismo lugar en que Freud inscribe lo instintivo, porque como nos enseña él mismo; los instintos son nuestros mitos.

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Su amor es esa viva muerte, que quiebra juncos y arroyos delicados. Eso es un artista, alguien que escribe por angustia lo que se le antoje (a una voluntad ajena), y hace hablar a su angustia -a su ser- donde puede y como puede. En la carta a Jorge Zalamea (1928) celebra; “…con todo mi pobrecito corazón (este desdichado hijo mío) que estés como antes, como la primera vez. Lo pasas mal y no debes. Dibuja un plano de tu deseo y vive en ese plano dentro siempre de una norma de belleza. Yo lo hago así, querido mío… ¡y qué difícil me es!, pero lo vivo.” (pp. 1666-7) No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! / Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda / o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas. 

Lorca parece crearse en vidas para no morir. Se hace preguntas, ¿será el arte de la poesía, entonces, una especie de pregunta? Lorca dice que sí, y no tenemos derecho a contrariarlo. Pero al mismo tiempo “eso” es lo que teme, lo que dice temer como causa de fisión, allí donde aparecería lo que L. Ibor llama, al hablar de Lorca, presentimiento de la nada. La estética que plantea Lorca -y de la que justamente señala Freud en “Lo ominoso”- es eso que nos hace tolerar lo intolerable de lo ominoso creando un fenómeno (estético) que, en algún sentido, también nos paraliza. Siniestro es entonces lo desconocido en lo conocido, justo donde se encuentra el síntoma. Dice Rilke que la belleza es aquel grado de lo terrible que todavía podemos soportar. Así, el arte no es objeto de un sujeto, sino sujeto de un objeto que es quien lo crea y desde allí que, según creo, se puede… ¿ser? Él es…un caballo mal herido / que Llamaba a todas las puertas. / Gallos de vidrios cantaban / por Jerez de la Frontera.

Antes de su muerte: “Federico pasaba el día interpretando canciones populares en el viejo Pleyelinstalado en el piso de la tía Luisa…” y Esperanza (Gibson pp. 193/4) Esperanza no sabía qué escribía Federico, pero cuenta que lo hacía sin impórtale lo que alrededor sucedía. “Lo que él tenía en la cabeza entonces (y es posible que escribiera en algún momento, pero no me parece fácil) era lo que él llamaba jardín de los sonetos,… que se llamara Adán. …en los dos últimos años él siempre me decía: No, no, mi obra va a ser Adán.” (Testimonio de Luis Rosales, 1978) Esperanza también recuerda la angustia con la que recibió Federico la noticia del fusilamiento de Manuel Fernández Montesinos (el 19 de agosto de 1936). Avanzan de dos en fondo. / Doble nocturno de tela. / El cielo se les antoja / una vitrina de espuelas… Pero la Guardia Civil / avanza sembrando hogueras, / donde joven y desnuda / la imagen se quema… La media luna soñaba / un éxtasis de cigüeña. / Estandartes y faroles / invaden las azoteas. Según H. Kohut existe cierta hipótesis de anticipación en el artista (el artista se adelanta a los hechos y por eso hace su arte) Esa misma tarde Federico fue detenido en la casa de los Rosales. Un vuelo de gritos largos / se levantó en las veletas. / Los sables cortaron las brisas / que los cascos atropellan… ¡Oh, ciudad de los gitanos! / ¿Quién te vio y no te recuerda? / Que te busquen en mi frente. / Juego de luna y arena.

A sus treinta y ocho años de edad, mientras espera a la muerte, de la mano de uno de los que tienen, por eso no lloran, / de plomo las calaveras, ahí cuando se une su realidad con la ficción, es donde su miedo parece desvanecerse y entiende que, “la felicidad eterna es ser poeta, el resto no tiene importancia, ni siquiera la muerte”.

La muerte en Lorca, no muere, vive y lo hace vivir. Porque para Federico “la vida es la risa entre un rosario de muertes”. Federico no murió, lo mataron y lo enterraron en una fosa común de la cual todavía hoy no es individualizado.

Pero sigue vivo.

 

Bibliografía

Freud, S.: (1930) El Malestar en la Cultura. Amorrortu Editores. Vol.  XXI

Freud, S.: (1911) Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico. Amorrortu Editores. Vol. XII

García Posada, M.: Obras completas III, Galasia Gutenberg / Ciclo de lectores, Barcelona.

García Lorca, F.: Obras completas. Aguilar, Madrid. 1968.

Gibson, I.: El asesinato de García Lorca. Editorial Plaza & Janes S. A. 1997.

Lacan, J.: Seminario 23. El Sinthome. Ed Paidós. 2006.

López Alonso, A.: La angustia de Gª Lorca. Algaba ediciones, 2002.

Sahuquillo, A.: Federico Gracia Lorca y la cultura de la homosexualidad.1986.

Larrea, J.: (1976) Testimonio de Juan Larrea; asesinado por el cielo, trece de Nieve / 1-2, segunda época.

Testimonio de Luis Rosales; grabado por Gibson, I (22 de octubre de 1978) en cinta magnetofónica, Madrid.

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