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CUANDO LLUEVE Dramaturgia y dirección: Anthony Black Por Dra. Raquel Tesone

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¿Qué sucede con la vida de una pareja que se ama, si de un día al otro pierden todo? Ya sea por azar o bien, porque nadie esta eximido de tener que transitar por una tragedia en su vida, nos preguntamos: ¿Es que vivir implica enfrentarnos a desafíos e inusitadas pruebas? Y amar, ¿será otro desafío, otra hazaña, otro salto al vacío, al decir de Sartre?

Esta obra teatral impecable en todos los sentidos, nos interpela aún con interrogantes muy concretos: ¿qué es el amor? ¿Cuál es y a qué le otorgamos sentido en nuestra vida? Si perdemos toda esperanza, ¿podemos llegar a auto-inducirnos un destino despoblado de todo vínculo donde haya verdad? Acaso, ¿la mayor infidelidad en una pareja, no será no ser fiel a lograr sostener desde el amor, un cierto grado de bienestar común, pese a todos los avatares de la vida?

“Hasta que el inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú le llamarás destino“, nos alertaba Jung, y en la obra el personaje de Spregelburd, cuando no encuentra respuestas en las leyes de las matemáticas, comienza a pensar que aquello que llamamos “destino”, es en realidad, el Inconsciente que marca y nos deja sujetados a una determinada modalidad de interpretar los acontecimientos de nuestras vidas. Esto responde a la idea nietzscheana de que no existen los hechos, solo hay interpretaciones.

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Comenzando por la actuación, las dos parejas interpretadas con una composición psicológica muy minuciosa de cada uno de los personajes están encarnados por extraordinarios actores. Rafael Spregelburd nos da una idea cabal de las implicancias en la neurosis obsesiva, allí donde el sujeto no puede integrar sus emociones con su intelecto, y se defiende del dolor racionalizando y cuantificando todo, mientras su mundo se cae a pedazos. Por otro lado, su amigo y cuñado en esta ficción, Matthieu Perpoint que está magistralmente caracterizado como el francés que se cuestiona todo filosofando y se le desvanecen todos los sentidos a la hora de poder escuchar las demandas de amor de su mujer, encarnada con una dosis de humor por Gloria Carrá, quien se siente perdida y desesperada por el desamor que siente del lado de su marido que se la pasa desmintiendo sus percepciones; y de un hermano que intenta escucharla y comprenderla, a sabiendas que ella está en una vana búsqueda de sí misma. Ella intenta encontrar en el afuera el alivio al sufrimiento a la que está confrontada sin lograr mirarse por dentro. Esta pareja que no termina de estar satisfecha, nos interroga: ¿es posible elegir otro destino en el amor cuando no se es del todo lo feliz que se pretendió ser idílicamente? ¿Se puede elegir seguir juntos por el mismo camino  cuando se hace contundente que algo se ha roto por una traición? ¿Es posible reconstruir la relación desde una confianza destruida o esto conlleva a una insoluble separación? Y por otra parte, Moro Anghileri, esposa en la ficción de Spregelburd, (quienes forman la pareja feliz enamorada de su amor), nos conmueve con su actuación cuando se desmorona su propio ser por el azar de la vida, afectando indefectiblemente su relación de pareja.

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A todos estos componentes fundamentales, le debemos sumar el libro del mismo director Anthony Black, traducido con excelente meticulosidad en los significantes utilizados para una adaptación que además de ser sumamente inteligente, suene local, ya que pertenece a una compañía de teatro canadiense célebre:  2b tehatre. Cuando llueve fue presentada con una gran repercusión a nivel internacional en Nueva York, Edimburgo y Mumbai y nosotros tenemos el lujo que llegue a la cartelera de nuestra ciudad contando con otro elemento absolutamente novedoso que la hace aún más original: una puesta en escena de imágenes proyectadas en la pantalla del escenario que arman la escenografía totalmente basada en la tecnología. Sin duda, Anthony Black es un eximio director que tiene una gran manejo de estos recursos artísticos y sabe llevar adelante una obra de esta envergadura. La admirable labor de la composición de los personajes y la explotación al máximo de las dotes actorales la realizan con muy pocos recursos teatrales. Su puesta con todos estos elementos, la transforma en una obra muy moderna (en el buen sentido del término), altamente creativa que deja una marca de vanguardia teatral.  Los actores utilizan ese “escenario virtual” como por ejemplo, servir una botella de vino en un vaso, sin que exista más que la imagen, como si fuera real, y lo hacen con total soltura. Hay subtítulos del escritor en pantalla, que lejos de mostrar los hilos de la marioneta y sacarnos de la ficción, hace que los espectadores podamos soltar carcajadas y soltar algo de la tensión expectante que genera esta pieza teatral, al igual que los diálogos muy sesudos – aunque simples y sutiles, son complejos – cargados de humor, que hace de esta tragedia una tragicomedia, algo muy difícil de lograr a todo nivel sin llegar a romper en ninguna escena, el clima emocional adecuado.

Los efectos sonoros construyen un ambiente donde realidad y ficción se compenetran. El escritor con sus subtítulos parece hacernos un guiño en una escena donde se borra lo que escribió y la re-escribe destinando a los personajes a otro final y es ahí donde cabe la pregunta si la vida misma no es una ficción y si no seremos todos hologramas de un sueño soñado por el Inconsciente que nos determina. Si al decir de Lacan, el Inconsciente es un sujeto que nos habla, si no se toma consciencia de quienes somos verdaderamente, nos dictamina la vida ese otro…

Al salir de la sala, los espectadores se encuentran con un proyector que sobre una pantalla nos refleja la lluvia, y hay cola para probar que sentimos frente a nuestra propia sombra cuando llueve…  

Una obra que al confrontarnos con lo desconocido de nosotros mismos, nos invita a preguntarnos sobre el sentido de nuestra vida y al mismo tiempo, aunque sepamos que no hay certezas, logramos hallar respuestas singulares a estos interrogantes.

El efecto es que no salimos como entramos. Una gran emoción embarga a los espectadores y nos miramos casi con el silencio que los actores utilizan para “decir mucho” en escena y con la complicidad de un sentimiento que parece mancomunarnos: un potente deseo de abrazarse a la vida y al amor a la vida, pese a su inherente incertidumbre…

Lugar: Centro Cultural 25 de Mayo (Av. Triunvirato 4444)

Funciones: martes a las 21.

Hasta el 26/6

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