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AL DIVÁN: MARIA FIGUERAS Por Dra. Raquel Tesone

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María Figueras es una gran actriz con una impronta singular: su sensibilidad al servicio de una composición de los personajes donde ficción y realidad trasuntan su verdad. Es docente teatral y actualmente directora de la pieza teatral “HERMANAS” de la autora catalana  Carol López, obra que se presenta los domingos en el Teatro Método Kairós, El Salvador 4530 a las 18 hs, y protagonista principal de la película “La otra piel” con Rafael Spregelburd y dirigida por Inés de Oliveira Cézar. Ganadora del Premio ACE por su trabajo en “A Electra le sienta el luto”. Nominada a la personalidad destacada del año en el quehacer teatral off . Premio Revista Siglo 23 por su trabajo en “El desarrollo de la civilización venidera” 2009 -2010. Nominada como Mejor Actuación Femenina a los Premios del Mundo por “Espía a una Mujer que se mata” versión de Tío Vania de Daniel Veronese 2006-2007. Nominada a los Premios Clarín Espectáculos 2005 como Actriz Revelación por “En Auto. Nominada a los premios A.C.E como Mejor actriz de reparto de comedia y/o comedia dramática por “En Auto” temporada 2005-2006.

María se presenta en mi consultorio con una peculiar predisposición a reflexionar que me permite ocupar el lugar de analista naturalmente para ir acompañándola en su propio trabajo de pensamiento.

 

¡Qué sexy que te ves para las fotos en el diván!

Vos me ves sexy, yo no me veo así. 

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Entonces podremos hablar de cómo te ves.

Si, es un tema… Hace un tiempo que no voy a mi analista porque está de viaje. Empecé hace 7 años con ella después que me separé del papá de mi hija, cuando ella tenía dos años, cuando las cosas cambian al tener un hijo… Entendí que yo no era la misma y necesitaba otras cosas que él no me las podía dar. Hicimos sesiones de pareja. Esto fue 7 años atrás y con el papá nos llevamos ahora muy bien y seguimos laburando juntos a veces cuando nos da ganas. Y justamente vino a la proyección de la película “La otra piel” en el Bafici.

¿Cómo se conocieron?

En el teatro Cervantes, justo donde termina la película que protagonizó, ”La otra piel” dirigida por Inés de Oliveira Cezar ya que la Terquedad se dio en el Cervantes: ¡el azar! Yo en aquel entonces con mis veintipocos años estaba haciendo una obra “Los siete Gatitos” de Nelson Rodrigues, un autor brasileño alucinante, junto a Arturo Mally, Karina K, Damian de Santo y otros buenos actores. ¡Para conseguir ese papel hice tres meses de audiciones! El director no encontraba a la actriz para hacerlo y Agustin Alezzo me recomendó.  Era un papel soñado: Silene, y resulta que a una función viene al Cervantes Daniel a verla y al terminar le pide  al director Ricardo Holcer conocerme, y poder saludarme al camarín para felicitarme porque le había gustado mi actuación y no me conocía. Él estaba con “El periférico de objetos”, yo no lo conocía tampoco (risas), ya qué venía yo de otro palo: de Alezzo, de Gené, de Augusto Fernándes y Ure, mis maestros. Y él aún no era aún conocido. En esa época, andaba leyendo casi en forma devoradora todo lo que conseguía sobre Severino Di Giovanni y los anarquistas. Quería armar algo con la historia de Severino y América Scarfó y cuando lo vi , cuando se me acercó a felicitarme sin saber quién era, vi en la mirada de Daniel, vi sus ojos, los ojos amarillos como los de Severino y me perturbó. Y Daniel me felicitó y me hablaba, me hablaba, y lo dejé hablando solo y me fui (risas) porque me puse nerviosa. Después me dijeron, si sabía quién era, y yo dije que no, y me contestan, era Daniel Veronese, del Periférico. ¡Y empezamos por azar a encontrarnos en todos lados! Iba a ver una obra, él también había ido a esa función, hasta  por la calle, en todos lados (risas).  Y un día me dijo de sacar unas fotos en su estudio y no pasó nada, yo estaba de novia y muy enamorada de mi novio con el cual salimos 7 años desde chicos. Ese verano me había ido de mochilera con una amiga  pero me llama Ricardo Holcer de parte de Agustín Alezzo para hacer un personaje muy importante en “Los siete gatitos”. ¡Dejé todo! Había pagado todo el campamento para Villa Langostura de la facultad de Letras, y no me importo. Todavía no conozco Villa Langostura (risas). Estuve mucho tiempo de casting y ensayos hasta que me dijo: “sos vos, vos sos Silene”, el  personaje era hermoso de una complejidad alucinante. Antes había hecho en el Rojas en la biblioteca una obra con Román Podolski, hice “La zarza ardiendo” de González Castillo y Federico Mertens.

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¿Y cómo siguió tu historia con Daniel?

Lo encontré nuevamente de casualidad yo ya separada de mi novio porque éramos chicos y de mutuo acuerdo decidimos separarnos y vivir nuevas experiencias pero fue un amor importante para mí y Daniel también se había separado, nos separamos los dos al mismo tiempo sin saber nada del otro, ya que no teníamos vínculo. Cada uno con su historia y al volvernos azarosamente a encontrar cada uno estaba solo y fuimos al teatro ya tipo salida, y ahí empezamos. Fue una verdadera historia de amor… Y siempre pensamos en hacer algún proyecto, los primeros años no trabajamos juntos y luego sí. Estuvimos ocho años juntos. Y cuando nos decidimos a trabajar juntos planeamos “Un hombre que se ahoga”, una versión de Tres Hermanas de Chejov, hicimos “Espía a una mujer que se mata”, una versión de Tío Vania de Chejov, una versión de “La gaviota” del mismo autor, “Los hijos se han dormido”. Una versión de “Casa de muñecas” de Ibsen: “El desarrollo de la civilización venidera”. Desde mis quince años mi autor preferido que leo y releo es Antón Chejov, siento por él un amor absoluto, una pasión todo terreno y con Daniel pudimos plasmar,  llevar a cabo sus obras. Creo que son como nuestros hijos teatrales (risas), ya que las hicimos en un momento donde circulaba mucho amor entre nosotros.  Después ya separados hicimos una obra comercial Bajo Terapia que duró tres años en cartel y que fue un tipo de experiencia también muy enriquecedora. Las obras que hicimos juntos duraron mucho en cartel. Todas de tres, cinco o siete años como el Vania. Actualmente, estoy dirigiendo a mi madre Elena Petraglia en “Hermanas”, es una pieza teatral de la dramaturga española Carol López, y se trata de lo que sucede en esa familia con todas esas mujeres ante la pérdida de su padre. Y de hecho, me animé a dirigir cuando murió mi papá. Mi papá me dejó una plata para comprar un auto y la puse en la obra. ¡Y todavía no tengo auto!

(Risas) Sin auto, pero con una muy buena elaboración y transformación de ese duelo.

Mi padre murió hace dos años y creo que eso duran los duelos. Para hacer esta obra me leí una cantidad de libros sobre la muerte del padre, todo lo que caía en mis manos: desde el noruego Karl Ove Knausgaard hasta Romina Paula pasando por Paul  Auster y Joan Didion que hablan sobre la pérdida. Cuando murió mi padre estaba haciendo una obra y yo me muevo mucho arriba del espacio escénico, salto, voy y vengo, corro, bailo pero estaba tan mal que no me podía mover, me tuvieron que inyectar. Tenía que usar un cuello ortopédico, como que mi cabeza iba para un lado y mi cuerpo por el otro.

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La muerte de tu padre te partió en dos.

Y así y todo como estaba, seguí con las funciones, nunca suspendí ni el día de su velorio. Mi padre amaba el teatro profundamente. Desde pequeña en mi casa de lo único que se hablaba era de obras, peleas, gustos, pasiones encontradas por diferentes autores en la mesa, en la sobremesa. Y eso lo heredé. Cuando papá murió Iba a la guardia. Me inyectaban y me mandaban a casa, y cada persona tiene un umbral de dolor, el mío era intenso pero me mantenía callada, tuve que hacer el cliché del dolor para que me den atención.  Hasta que no grité en la guardia y les hice la escena característica del dolor (risas), no me hicieron la resonancia para descubrir las hernias que tenía. Cuando me hicieron la resonancia descubrieron que tenía las dos hernias de disco. Ahí fue que compré un cuello ortopédico y actuaba todas las funciones con ese cuello, me lo podía sacar sólo para bañarme. La gente pensaba que era una licencia poética y original pero era que si no lo usaba, me tenían que operar (risas). Quedaba poético, siempre el accidente en el teatro, lo menos pensado, lo que está por fuera del pentagrama ilumina y re significa y yo trato de escucharlo, aprovecharlo y usarlo a favor. 

Pudiste hacer un síntoma donde la cabeza se disociaba del resto de tu cuerpo, pero también lograste hacer una mutación de aquello que te dejó tu padre y, en vez del auto, usaste la cabeza e hiciste una obra.

(Risas) Sí, y además papá se hubiera cagado de risa con la obra. Tiene humor negro como el que él hacía circular en mi familia, esa cruel ironía, ese humor que te salva de la derrota y del desamparo. Y además, en la obra está el tema de las Hermanas, que la hermandad es todo un tema, mi papá decía que yo era la fea y mi hermana la linda. En la versión de Tío Vania entonces elegí hacer Sonia. Ella misma dice en la obra que ella es fea. Y a la salida la gente me decía: ¡no sos fea! (risas). Hasta me escribían espectadores vía Alternativa Teatral para decirme: ¡No sos fea! Cuando lo hice no pensé que despertaría esas cosas. Es que quería contar como en una familia circula la arbitrariedad y se hace ley, y todos damos por sentado lo que se dice y no lo que realmente es. ¡Eso pasa y es Chejoviano!  Para mí, la Sonia tiene que no ser fea y la Elena, el otro personaje de la obra de Chéjov no tiene que ser tan linda. Son motes sociales, familiares. Elena también está encasillada y responde a cánones de belleza arquetípicos porque si le sacan eso, no sabe qué es, ni dónde colocarse. Me gusta dudar de lo que se dice de los personajes, de lo que se nombra, de lo que se da por sentado. Cuando actúo trato siempre que el discurso del personaje vaya por un lado y lo que realmente pasa, por otro lado, sino me aburro. Lo que hay más allá de lo que se dice, del discurso imperante sea cual sea me puede, me produce una tremenda atracción a dilucidar. Ingresar en zonas contradictorias y que los personajes no sean sólo víctimas sino sean políticamente incorrectos y hasta por momentos insoportables. No ayudarlos, no tenderles la mano. No salvarlos. Que los salve el espectador si quiere, por empatía porque en el fondo  de su corazón o en su profunda intimidad y amparados por la oscuridad del teatro también ellos sentados lo más campantes son incorrectos, torpes, desbocados y necesitan amor por más que se esfuercen por ser seres racionales, controlados y sociables. Jugar con ese filo me divierte y me atormenta (risas).

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De ahí podemos ir redondeando con el principio de la sesión: no te ves sexy ni linda, porque te seguís viendo a través de los ojos de tu papá.

Mi papá fue el que engendró este conflicto. Si…con todo el amor que también nos dio. Y en el fondo creo que me hizo tocar fondo para salir. Me constituyó en mi pensamiento crítico. Eso creo que él lo valoraba. Siempre valoraba mi mirada sobre los acontecimientos por más que era un anarco por naturaleza (risas). Y para completar lo que venimos hablando, te cuento que mi papá se llamaba Daniel  (Daniel Figueiredo) pero no tienen nada que ver Daniel Veronese con mi papá. ¡Es azaroso!

(Risas) ¡Cuántos azares hay en tu vida! (risas). Pienso que podemos cerrar acá, ya que estos “azares” no tiene que ver solamente con el nombre o con la diferencia de edad en una pareja, él puede ser menor que vos, e igual se juega el Edipo, eso es un prejuicio ya que todos transferimos en nuestras relaciones la modalidad de relación con nuestros progenitores o sustitutos. Pero además de tener el mismo nombre de tu padre, lo primero que señalaste, es que viste en Daniel los ojos amarillos, es decir, ya estaba presente la mirada de tu padre. Y eso es lo que habrá que duelar y, tanto “La otra Piel” como “Hermanas”, son dos buenas maneras de juntar la cabeza con las emociones y poder cerrar tu duelo.

Gracias por esta entrevista, María y por la confianza que me depositaste. 

Gracias a vos. Fue intenso y hermoso el encuentro, ¡cómo lo que vale la pena!

Del otro lado del diván:

María se entrega a esta experiencia como todo lo que hace y “la” hace en la vida: con toda su alma y jugándose el todo por el todo en lo que desea. Ella está “fuera del pentagrama”, y eso la ilumina, pero no permanece en margen, sino que es desde allí que se conecta con el otro. Si el otro la sigue, ella redobla la apuesta, se siente confortable y deja que el otro se sitúe en una zona donde las emociones fluyan naturalmente. Esto hizo que en la entrevista circule un espacio “entre dos” que se fue tejiendo entre ambas, lo cual fue muy placentero porque me pude instalar rápidamente allí donde María me requirió para analizarse. Tiene un sentido del humor que le permite reírse de lo que la sorprende de sí misma.

Sus años de análisis los ha atesorado tanto como sus años de actuación y además, se suma su nuevo rol de directora teatral de “Hermanas”. Así como Freud, luego de la muerte de su padre, y reconociendo que fue es el golpe más fuerte que puede recibir un ser humano, produce una de sus obras más importantes, “La interpretación de los sueños”, María está elaborando la representación con “Hermanas”. Aquello que signaba el vínculo con su propia hermana (y en la ficción, cuenta con la intervención de su madre como actriz), y a su vez, con la película “La otra piel”, se procesa el duelo de su lo que resta por elaborar del vínculo entre sus parejas y su relación con su padre, y por lo tanto, el cierre de este duelo. Es una actriz mágica justamente por su inteligencia emocional que es el motor para encarnar sus personajes. A través de ellos, logra procesar sus propios conflictos, dejando ser a sus personajes pero protagonizándolos desde sus tripas. Así va curando sus propias heridas.

En efecto,  “los azares” en su vida, ella sabe que no son tan azarosos, y la “casualidad” de que el nombre de su pareja y “El nombre del padre” (concepto de Lacan que nos sirve para metaforizar este vínculo), sean idénticos, nos posibilita un final de sesión que nos remita al principio de la sesión. María sabe que la otra piel se está construyendo en tanto se está re-inventando en su propia mirada con toda la dificultad que esto implica pero también con todo el crecimiento resultante. Es un momento muy interesante de su vida, una etapa bisagra y ella lo sabe, dónde está aprendiendo a amarse de otra manera a como fue amada y encasillada, lo que trae aparejado salirse de ese otro pentagrama y poder expandir su ser y sus posibilidades de amar, y seguir desplegando su creatividad y producciones artísticas que la hacen ser quien es más allá de los otros.

 

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