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Genet-ica de un ladrón por Dr. Ezequiel Achilli

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Su primer nacimiento fue su recuerdo, el segundo su soledad. Siempre se supo falso y vivió en esa falsedad. Siempre se quiso santo, pero le brotaba la “maldad”. Destruir era su encanto, así creía tener identidad. Repudiaba lo que le tocó en pena vivir, pero esa no era su realidad. Realidad era el desprecio que sufrió de niño. Realidad era el abandono y no su recusada crueldad. El desafecto, la falta de cariño… Todos le dijeron culpable menos uno o dos, tal vez tres, que le permitieron nacer de verdad. Siempre tuvo que escapar, hasta que ya no pudo huir y fue justo allí donde disfrutó una nueva realidad; la libertad. Alguien le permitió encontrar respuestas en el lugar más inesperado. Lo “curó” una dura bondad. Ahora es poeta, aprendió a odiar y por eso sabe amar.

Intentemos, por un instante al menos, dejar de combinar colores. El arte es mucho más que eso. Corramos a la locura y a las tendencias de carácter de nuestras conocidas nosologías. Juguemos con personajes que se parecen a personas como don Quijote, y con personas que parecen estar más cerca de ser personajes, como Jean Genet.

Jean Paul Sartre en su extenso ensayo “Saint Genet, comediante y mártir”, trabajó lo central de su filosofía, a partir de la vida de “su amigo” J. Genet. Como al Quijote, la lectura parece haberle “afectado” a Genet. El primero se convirtió en caballero errante y el segundo, con trece años de edad, fue “diagnosticado” por el médico de la policía como un empachado de novelas de aventuras, débil mental y físico, y alguien con delirios de presunto rey o caballero andante. ¡Oh casualidad! Insisto, ¿hablamos de personas o personajes?

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Leamos (a Genet y a Sartre), ya que dicen mucho y para eso están. Y por qué no, de paso robarle a Genet esas cuestiones antisociales para que estas nos disparen preguntas sobre un tema cada vez más actual.

El “primer” nacimiento de Genet fue en París en 1910. Arrancado del vientre de una madre prostituta, con un padre menos conocido aún, fue abandonado en la Casa Cuna unos siete meses después. Unos campesinos de un pueblo pobre de Borgoña, en Morvan, lo adoptaron y lo llevaron a su granja. El gobierno pagaba a las familias que amparaban a estos niños.

Parecía ser un niño modelo (con las mejores notas) pero Sartre dice que Genet se sentía un niño falso y sin herencia. Cuenta que con ocho años de edad fue sorprendido cuando, invadido por su curiosidad fantaseadora, roba en forma concreta. ¿Pero que pudo haber robado este niño más que alguna golosina? ¿Y por qué es tan importante este hecho? Genet fue descubierto doblemente. Fue acusado frente a todos e “identificado” ante esa sociedad “benévola” como ladrón.

Su destino estaba marcado por los orfanatos y las cárceles. Aquí entra en juego el elemento social. Lo antisocial determina la intervención de la sociedad para que ésta enfrente el desafío y demuestre su opinión. “Se es lo que se hace y como eso se hace -opina Genet-, incluso un ladrón cumple una función social…” ¿Acaso el Hidalgo y loco don Quijote de la Mancha no cumple una función social?

Al entender de Sartre la sociedad hizo culpable a Genet: ¡ladrón!. Necesitaban un personaje malvado donde proyectar lo intolerable para continuar siendo “buenos”. Donald W.Winnicott entiende que la sociedad tiene su parte importante en la determinación del destino de una persona que padece un trastorno del carácter. Según Sartre, Genet aceptó el juego y lo socializó. Winnicott sabe que además de este ambiente “social”, pudo haber existido otra configuración ambiental dentro del marco familiar, sino no podríamos explicarnos el verdadero origen de su tendencia.

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Definido como ladrón, criminal y vagabundo, por muchos, su historia parece acercarse más a la de un niño abandonado y de-privado de afecto, pero que mantiene la esperanza de encontrar ese paraíso que quizás alguna vez perdió. La tendencia antisocial proviene siempre de una deprivación y es un intento de volver a ese momento para recuperar el estado de las cosas del que alguna vez se disfrutó. Esta tendencia, se encuentra en la disección del trastorno del carácter y se hace presente como consecuencia. Al manifestarse dicha tendencia, es probable que el niño la oculte tras un carácter quejoso, mediante una enuresis, a través de la mentira o manifestarse periódicamente en un trastorno de la conducta: “…el trastorno del carácter se refiere muy significativamente a la distorsión de la personalidad intacta, distorsión que resulta de los elementos antisociales que la personalidad incluye”. (Winnicott, 1963, p. 268)

“Decidí ser lo que el delito hizo de mí”, dice Genet, pero al mismo tiempo es un autor que se contradice; “¿Qué puedo decidir ser?… […], si estoy encerrado en mi ser”, por lo que parecería que no es su decisión destruir, sino Ser (libre). Genet también ponía su esperanza en su poesía, donde destruye una y otra vez; “Seguiré pudriéndome a mí mismo hasta el fin del mundo para pudrir al mundo entero”.

Hay dos directrices en la tendencia antisocial: robar y destruir. La primera es para buscar en alguna parte algo -y cambia de lugar cuando no se lo encuentra- mediante la esperanza. La otra es para encontrar la estabilidad ambiental que tolere la tensión resultante de los impulsos propios. Porque, como nos dice él mismo: “Si ya eres otro para ti, si sufres una perpetua ausencia en tu corazón, entonces puedes vivir esa ausencia como la de cualquier otro…”

Hay dos extremos relacionados con la etapa evolutiva del niño y como las pasó; con formaciones sintomáticas psiconeuróticas que ocultan al yo contra la angustia del complejo de Edipo, o bien, con síntomas psicóticos que ocultan también al yo, pero de la escisión, la disociación, etc. El único dato que existe sobre Genet es el diagnóstico realizado por el médico de la policía. Pero su “inadaptación”  no se produjo lo suficientemente temprano como para producir una psicosis.

Genet perdió algo. Algo que ha sido positivo en su experiencia infantil, hasta cierto momento, pero que luego se le retiró de manera abrupta, por un tiempo sostenido del desarrollo, donde se mantiene vivo “el recuerdo” de la experiencia (catalogación). “Cuando saqueo la propiedad, me baño en la idea de la propiedad. Recreo al propietario ausente. No existe en mí, sino en mi derredor. Es un elemento fluido que respiro, que entra en mí, que hincha mis pulmones”.

Algo en Genet estaba interrumpido y luego se lo pidió a la sociedad, “la sociedad le debía algo”. Tenía la esperanza de volver a recibir lo que le quitaron. Pero la esperanza antisocial, nos informa Winnicott, está implícita en el acto.

“Mi madre se llamaba Gabrielle Genet. Mi padre sigue siendo un desconocido…” Y cuenta que una vez se encontró con una anciana;

“[…] me pidió algún dinero. La dulzura de este rostro de pez luna me puso inmediatamente en antecedentes: la vieja salía de la cárcel. Es una ladrona, me dije. Al alejarme de ella, una especie de ensoñación aguda que vivía en mi interior y no en los bordes de mi mente, me llevó a pensar que, a lo mejor, era con mi madre con quien me acababa de encontrar. No sé nada de la que me abandonó en la cuna, pero anhelé que fuera esta vieja ladrona que mendigaba de noche”. (Genet, 1988, p. 50)

Sabemos que los abandonos en su vida han sido varios, pero podríamos pensar que existió uno más primitivo, y que Genet reclama mediante el robo a esta madre de la cual tiene derecho ya que, desde su punto de vista, fue él quien la creó. Ella satisfizo su creatividad primaria, sino no sería poeta, y de esta manera se convirtió en el objeto que está dispuesto a encontrar. Estas dos tendencias se fusionan. Entonces, hay una experiencia recordada, pero antes hubo otra donde hubo fusión de las raíces agresivas (o de motilidad) con lo libidinal.

Lo que Genet llama “una especie de ensoñación aguda que vivía en mi interior…”, parecería relacionarse con el “recordar” del antisocial: “Esto se manifiesta en forma de regresión momentánea durante el sueños o en el momento de despertarse” (Winnicott, 1956, Pág. 441) . Pero no se trata de la regresión freudiana. El antisocial no necesita regresión (Winnicott, 1967) para solucionar sus tendencias sino que, intenta corregir y continuar corrigiendo, las fallas del yo auxiliar que alteró el curso de su vida. Una madre que falló en fallar a las necesidades del Ello o en la satisfacción de las necesidades del yo del niño, no permitiendo lo terapéutico de la expresión del odio. Fue entonces, el estado de madurez del yo lo que determinó el desarrollo de la tendencia antisocial y no una enfermedad psicótica.

“[…] Mi victoria es verbal” dice, al mismo tiempo manifiesta que no escribe para que lo lean, sino para seguir siendo un “muerto social”, como lo define Sartre. Genet, al igual que sus personajes, era resentido, huérfano, rechazado, ladrón, devolvía odio poético y se prostituía, como otra forma de acting out antisocial. Escribió y publicó sus obras, convirtiéndose en objeto de horror, obligando a sus lectores a verlo como él creía querer ser visto. ¿Será que esperaba que le sea devuelto algo también a través de su literatura como expresión de su vida? Aquí aparece Sartre que, como veremos luego, entiende el resentimiento que sostiene su acto creador y su vida.

Sus primeras obras las escribió en las cárceles. Fue muy corto el tiempo que escribió, y todas narran la redención de un asesino a través de lo bello. Winnicott, no está en contra de las residencias para niños inadaptados y si se trata de delincuentes hasta aconseja el reformatorio. Es esta una demostración práctica de “amor” por la disposición a sostener y responder a la agresión con firmeza, pero señala que allí se debe recibir cuidado y protección. Si estas medidas fallan, lo más seguro es la reincidencia. El delincuente es un antisocial no curado y un elemento que se repite en dicha tendencia, se relaciona con el control y también con los impulsos inconscientes que obligan al antisocial a cuidarse.

Tras el suicidio de uno de sus amantes, Genet también intentó suicidarse. Dice Sartre que la vida de “su amigo” iba en bajada hasta dio un vuelco inesperado. Salió finalmente de la cárcel, donde cumplía una cadena perpetua, gracias a un pedido de indulto, por parte de Sartre, Cocteau y Picasso, quienes entendieron que lo indecible del arte de Genet era un pedido de ayuda y la búsqueda de lo que se le quitó.

Sartre, lo santifica en su libro, lo mira y Genet se sintió mirado. Lo que Sartre dijo entre las líneas de su ensayo a Genet, es lo que Winnicott le sugiere a una amiga decirle a su hijo que roba, “sabes que cuando roba no lo hace porque desea las cosas que roba, sino que está buscando algo a lo que tiene derecho. Y que está reclamando a su padre y a su madre porque siente que se le priva de su amor” (Winnicott, 1956, p. 406). 

Sartre habla sobre Genet en un libro que, a modo de ojos maternos que sirven de espejo, hace a Genet sentirse reflejado en el impacto que este último sintió al leerlo. Ese dolor, causó en Genet una crisis que le duró mucho tiempo, todo el tiempo que estuvo sin poder volver a escribir.

Con Sartre, Cocteau y Picasso, Genet es descubierto de nuevo, en su verdadera esencia, y él se pudo reflejar. Nunca alguien había hecho esto por Genet. Ya no tenía que destruir, simplemente ya no era alternativa a su desesperación. Ahora fue descubierto en su verdadera esencia y se pudo reflejar. Es el ambiente el que debe dar una nueva oportunidad. Hubo dependencia de Genet hacia Sarte, Cocteau y Picasso. Ellos le brindaron la posibilidad de publicar. Actuaron en la zona de la falla real, la del yo auxiliar, y eso lo protegió cuando dependía de ellos.

Sartre fue criticado por lo duro y cruel que fue con Genet. Winnicott señala que la experiencia de rabia es propia de este momento, que libera los procesos de maduración, pero se necesita de un yo auxiliar y de un sostén adecuado. Genet se supo falso en ese momento de la infancia y pasó de la tendencia antisocial a un trastorno del carácter, evitando un posible derrumbe psicótico.

Parece que algo cambió a través de este acto, ya que Genet decide luego dedicarse a la causa de “los oprimidos”. Se solidariza, cual Quijote, con distintos movimientos de liberación y defiende causas sociales como las del Mayo francés, por ejemplo. Influenciado por estas experiencias escribió su última novela: Un cautivo enamorado. Sus últimos escritos ya no son de horror, sino sobre la libertad.

Genet-ica de un personaje. La invención de un personaje.

Cuando hablamos de Genet ¿estamos hablando de una persona o un personaje? “Rechazaba” el mundo, pero era comediante y mártir al mismo tiempo. Lo indecible de su arte era un pedido de ayuda y la búsqueda de lo que se le quitó alguna vez.

Saint Genet, comediante o mártir, es un denso y condensado libro del que creemos que habla de una persona. La realidad quizás sea otra; Sartre no habla de Genet desde lo biográfico… habla del escritor, del autor, del actor de sus obras, pero no habla del ser humano sino de un personaje que Sartre crea sobre un lienzo que no es del todo blanco. ¿Quién es entonces el ladrón?

Un verdadero autor, como Genet no merece ser recordado como ladrón. No interesa, pero habla y dice, y dice para seguir siendo mirado, escuchado, leído, pero también para hacernos crecer en la esperanza que lo mantuvo. Genet no es Sade, tampoco Baudelaire. Tampoco podemos dar fe que el marqués y el dueño de las flores malditas y malvadas sean quienes nos dicen que son. Sócrates también robó para alimentarse.

Quien realmente fue J. Genet murió el mismo año de su última obra, el 15 de abril de 1986.

Referencias bibliográficas

Genet, J. (1988): Diario del ladrón. Barcelona: Seix Barral.

Millot, C. (1988): Guide-Genet-Mishima. La inteligencia de la perversión. Buenos Aires: Paidós.

Sartre, J. P. (1967): Saint Genet, comediante y mártir. Buenos Aires: Losada.

Winnicott, D. (1956): La tendencia antisocial. En Escritos de Pediatría y Psicoanálisis. Barcelona: Paidós Ibérica.

_____ (1949-1964): La clasificación: ¿hay una contribución psicoanalítica a la clasificación psiquiátrica? En Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Buenos Aires: Paidós. Psicología Profunda.

_____ (1960): La contratransferencia. En Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Buenos Aires: Paidós. Psicología Profunda.

_____ (1963): La psicoterapia de los trastornos del carácter. En Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Buenos Aires: Paidós. Psicología Profunda.

_____ (1967): Papel de espejo de la madre y la familia en el desarrollo del niño. En Realidad y juego. Buenos Aires: Gedisa editorial. Psicoteca mayor.

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