TAMBIÉN HAY ÁRBOLES DE VERDAD
Cuando te canses de caminar entre tanto cemento y hormigón armado, una vez que te encandilen las luces y necesites respirar un poco de aire fresco, hay cuatro lugares a los cuales podés escapar en Singapur. El Parque Fort Canning es el corazón verde de Singapur. Sus senderos te pueden llevar a la casa que construyó Raffles cuando gobernó la isla, o al fuerte que construyeron los británicos, o al complejo de túneles subterráneos Battle Box que se utilizó durante la Segunda Guerra Mundial, o a la tumba del último sultán de Singapur. Si vas en verano, incluso podés tener suerte y encontrarte con algún concierto al aire libre. Desde la cima del parque se puede apreciar la inmensidad del distrito financiero y los rascacielos que decoran la línea del horizonte.
Los Jardines Botánicos de Singapur se encuentran en la lista de Patrimonios de la Humanidad de UNESCO desde el año 2015. Desde su creación, en el año 1859, los jardines formaron una parte importante de la economía de Singapur, ya que desde aquí se promocionó el cultivo de árboles de caucho en toda la península malaya. Los jardines también son famosos por sus colecciones de flores: cuentan con la colección de orquídeas más grande del mundo, con 1.200 especies y más de 2.000 especies de híbridos.


LA COMBINACIÓN PERFECTA ENTRE LA NATURALEZA Y LA OBRA DEL HOMBRE
En nuestra última noche en Singapur, lo acompañé a Dami a fotografiar el Marina Bay Sands de noche. El monstruo marino de hormigón y vidrio siempre posa para las fotos con su mejor vestido. Pero esa noche era especial: una tormenta monzónica se posaba sobre nuestras cabezas y amenazaba con estallar en cualquier momento con toda la furia de sus truenos y de sus rayos. La idea, justamente, era captar algunos de esos rayos detrás del mítico edificio. Dami intentó varias tomas, pero no pudo conseguir la foto que buscaba. La tormenta empeoró y empezaron a caer las primeras gotas. No nos queríamos ir sin la foto, pero tampoco podíamos arriesgarnos a que el equipo se moje. Dami intentó tomar la última foto con larga exposición. Justo en ese momento, un gigantesco rayo dividió al cielo en dos, y luego otro rayo más iluminó el cielo de Singapur. La tormenta desató toda su furia y tuvimos que correr a guarecernos debajo de un puente.
Completamente empapados, nos tuvimos que quedar allí debajo por dos horas, ya que la tormenta solo incrementaba su intensidad. Una familia de descendencia india nos compartió la poca comida que tenían y eso nos calentó el estómago y el alma. Cuando llegamos al hostel, finalmente pudimos ver la foto. La proeza estaba realizada; la foto ganó varios premiosen concursos nacionales e internacionales. Ese día, la naturaleza nos mostró como puede combinarse de manera espectacular con las obras del hombre. Ese día, también, confirmé una de mis frases de cabecera: el que la sigue, la consigue. Singapur fue mucho más que edificios modernos: fue cultura, fue naturaleza, fue sorpresa y fue arte. Dami lo inmortalizó con esta obra de arte.

