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RAFAEL SPREGELBURD: ANÁLISIS Y ENTRETELONES DE “LOS ADOPTANTES” -Por Dra. Raquel Tesone

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En principio, felicitaciones a vos, a todo el elenco y al director por la nominación al premio Platino Latinoamericano 2020 en la categoría Educación y Valores por “Los adoptantes”. Es un premio más que merecido y muy importante, ojalá esta película la den en los colegios ya que es un aporte a la educación. Además, es impecable en múltiples aspectos y todo el público queda más que satisfecho. Uno de los aciertos es que, en tono de comedia, se aborda el tema de la adopción trascendiendo la cuestión de la pareja gay adoptante, y se  centra con humor en el drama que vive la pareja cuando una de las partes se resiste por lo que el sufrimiento al que lo expone la paternidad en base a un pasado oscuro de su historia personal. Vine a ver una comedia, y de hecho, me he reído casi durante toda la película pero al mismo tiempo, me tocó el drama que sufría tu personaje. Me interpela saber qué ha movilizado tu personaje. 

No hay nada más cómico –más relajado- que la desgracia ajena. Nos deja a salvo. Sobre todo cuando el desgraciado nos muestra que su desgracia está siendo manipulada por un mecanismo de ficción. En esto el cine es un hábil constructor de convenciones que aun mostrando el pesar de sus personajes, te hace reír porque tiene un arsenal de maneras de decir “esto es ficción”. Yo creo que los personajes que Gimelberg diseña son precisos y algo neuróticos:  su universo de contradicciones está tan explicitado que entendemos rápidamente que podemos reírnos de sus desventuras. Sin embargo, el actor siempre presta su expresión, su gestualidad, su comprensión y su misterio: a la larga el mecanismo de la comedia se disuelve, se vuelve “el mundo”, y no es descabellado que te atrape en su red como si fuera una verdad. De hecho, lo es. Mi personaje, Leonardo (o Panda) está atrapado en una contradicción: no podrá ser padre adoptando hasta no resolver el trauma de su propia adopción. Es un trauma clásico pero muy poderoso: el niño adoptado fantasea con los motivos por los cuales sus padres pueden haber querido abandonarlo. Es el drama eterno de no saber por qué no lo han querido. El viaje de Leonardo hasta poder resolver esta “escena” es largo y tortuoso; los elementos de humor lo hacen simplemente más llevadero, pero hay un fondo permanente de angustia y de dolor.

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Pienso que la naturalización y la visibilidad que se le da al tema de la adopción de hijos por parte de una pareja gay está muy bien tratada. La película, ¿puede ayudar a exterminar los prejuicios que quedan sobre este tema habiendo tantos niños en estado de desamparo y a la espera de padres que los puedan adoptar?

No lo sé. Las películas no tienen objetivos tan claros, ni tienen por qué tenerlos. No estamos haciendo propaganda de nada: ni de lo fácil que pueda ser la vida gay en el siglo XXI ni de lo suave del camino de la adopción. Pero si todo esto se puede mostrar con naturalidad (y esto implica incluso hacerlo con un humor desprejuiciado, no vigilante) a lo mejor se está colaborando a que algunos espectadores sientan que su mirada sobre estos temas se amplía y se torna más empática.

En el personaje de Pupi (Diego Gentile), la paternidad, ¿representaba un deseo de tener un hijo para madurar y hacer crecer la pareja?  La paternidad, a tu criterio, ¿puede ser un punto de inflexión en la relación de pareja en tanto se pasa de una relación dual a formar una familia?

A mí la paternidad me cambió todo. Uno deja de ser el eje de sí mismo. Las prioridades empiezan a estar en los hijos y no ya en uno mismo. Ese salirse del centro es muy bueno, simplifica la tarea de verse desde afuera, resuelve gran cantidad de angustias y además –por si no queda claro- tener hijos puebla la vida de felicidades incontables. En ciertos estadíos profesionales o de pareja, esa felicidad proviene de la pareja, del trabajo, de la realización personal. Pero cuando llegan los hijos, la felicidad (y también los miedos, claro está) se localizan en todas partes. La vida es más intensa, los juicios sobre las cosas son más elaborados, la empatía con el mundo se hace urgente y necesaria.

¿Cuáles fueron las escenas que te  resultó más difícil de rodar? ¿O todas salieron redondas?

Yo creo que la escena más difícil fue la secuencia en la que los personajes corren por el Microcentro agarrados de la mano. No es una escena técnicamente difícil, si bien había que cuidar el foco, los semáforos, no taparse, etc. Lo difícil era que la gente en la calle no sabía que estábamos filmando: la cámara estaba a veces muy lejos, en la ventana de un edificio. Recuerdo que Daniel nos dijo: “corran de la mano y van a ver lo que pasa”. El peso de la mirada ajena, del prejuicio, fue enorme. Tal vez era simplemente una mirada generada por la velocidad de la corrida, o por la curiosidad de que algunos nos reconocían. Pero si una pareja heterosexual corre agarrada de la mano por la calle seguramente nadie se dará vuelta a mirarlos. En esta decisión del director hubo un poderoso deseo de demostrar algo que muchos de nosotros (blancos heterosexuales progresistas) jamás hubiésemos pensado. 

Toda la información que da la película acerca de los pasos de adopción, ¿son reales? ¿Fue en base a un asesoramiento? Porque parecería que no está tan complicado como antes adoptar  hijos y que no hay tanta espera como antaño. ¿Es así?

Entiendo que el RUAGA colaboró mucho con las investigaciones. Las leyes argentinas están bastante a la vanguardia en relación a otros países a la hora de cuidar que la adopción sea responsable y legalmente sustentable. Hay realmente muchos asuntos serios a ser tenidos en cuenta para garantizar que la vida de los niños adoptados sea mejor que en los hogares de paso. En la Argentina, las parejas homosexuales tienen los mismos derechos que las heterosexuales a la hora de adoptar. También son tenidos en cuenta los deseos de los niños que van a ser adoptados. Ambas partes se eligen. El primer título de esta película no era “Los adoptantes” sino “Los elegidos”; en él estaba tácita la idea de que quienes se eligen no son sólo los niños huérfanos sino también los adoptantes. Quiero agregar que un hallazgo clave de la película es el rol de la doctora Bolt, que interpreta la siempre genial Gaby Ferrero. Gaby es madre adoptante y su historia de vida es conmovedora. Hace a la doctora Bolt con un plus de sobremedicación, lo cual la deja en una situación vulnerable y muy risible. Pero cada una de las cosas que dice es real, legal y está en su justo punto. No se priva de tocar este tema tan doloroso con un humor desharrapado; su sensibilidad es ejemplar y para mí significó mucho tenerla cerca en esta película.

Gracias por tu generosidad y el tiempo que le dedicas a cada una de mis cuestiones y felicitaciones por tu actuación sublime en esta película.

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Foto con el director Daniel Gimelberg (el que tiene la pelota para que los actores se la jueguen frente a su cámara. Muy buena jugada)

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