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PUNDONOR: ENTREVISTA A RAFAEL SPREGELBURD Por Dra. Raquel Tesone

foto sandra cartasso

“Pundonor” la nueva obra de teatro que co-dirige con Andrea Garrote, actriz que realiza este monólogo. Como es habitual, Rafael abre las puertas a EL INCONSCIENTE y como siempre nos interpela en lo más profundo de nuestra existencia. “No nos enseña nada”, es con la única frase con la que no acuerdo, las obras de Rafael nos enseñan sobre todo al cuerpo del psicoanálisis, a abrevar de las fuentes del conocimiento, y aunque no acuerdo, reconozco que su taxativa afirmación habla del saber socrático y de la humildad de los sabios. Aquí se habla de la filosofía de Foucault, de los saberes, de los lugares de poder, de la política y los políticos, como así también de las paradojas humanas a la que nos enfrenta la vida. Otra entrevista que enriquece el campo de lo Inconsciente y otra obra de teatro que nos enseña –siempre que estemos abierto a esto- a tomar consciencia y ampliarla para no quedar entrampados en la alienación del poder.

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¿Qué te hizo tomar la decisión de co-dirigir “Pundonor” con Andrea Garrote? ¿Era un proyecto que se venía macerando entre ustedes o surgió ahora?

Es un texto que Andrea Garrote escribió en absoluta intimidad, un texto para ser adherido sobre sí misma. La primera sensación cuando me lo dio a leer es que era perfecto, perfecto en todo sentido y perfecto para ella. Incluso traté de disuadirla: mi presencia no iba a ser realmente necesaria en ese proceso de montaje, porque ella parecía reconocer ya misma desde la precisión de esa escritura sus zonas más ricas. Pero se trata de un monólogo. Andrea no quería sentirse sola. Necesitaba una mirada sobre la que arrojar el texto como contra un frontón. Yo ocupé ese lugar con enorme alegría. Juntos hicimos algunos retoques en el texto, pero la esencia, lo profundo de la obra, estaban ya intactos en su primer ensayo. También fue vital la inclusión de Juan Seré, nuestro asistente de dirección, quien acompañó la titánica tarea de aprenderse de memoria un texto que es como un viaje. Yo también hice monólogos recientemente, “APÁTRIDA” y “SPAM”, y comprendí perfectamente ese pedido de mirada externa que Andrea quería para esta obra. Así que me sumé con alegría. Con Andrea nos conocemos mucho y desde hace mucho, así que es muy difícil que nos hagamos “trampa” al actuar: cuando algo no funciona, no nos funciona a ambos al mismo tiempo. Así que la dirección compartida fue natural, simbiótica y muy empática. Ver actuar a Andrea, dan simplemente ganas de actuar, así, siempre.

dgsdBuscando el significado de la palabra “Pundonor”, dice: “Sentimiento de dignidad personal que exige a uno mismo atención y dedicación continua en una labor o profesión”, me pregunté, ¿cuál sería el parámetro (subjetivo y objetivo, si podemos pensar esta palabra en el contexto político actual) que indicaría que esa dignidad fue perdida?

La etimología es muy interesante. La palabra es algo así como “amor propio” y proviene del catalán “punt d’honor”. Es muy bueno este matiz de “punto”, de límite: ¿en qué momento cruza uno su punto de honor, el sitio en el cual perdemos el respeto por nosotros mismos? Es un término también muy aplicado antiguamente al duelo: los caballeros en duelo están allí para matarse, pero respetan unas reglas, unos puntos de honor, unos comportamientos sine qua non. ¿Qué decir de la coyuntura política actual? ¡Qué difícil es para los de a pie mantener alto ese pundonor cuando los políticos (los senadores, por dar un ejemplo, hace unos días) resbalan en el fango de su propia ignominia! ¡Qué poco importan el honor, la lealtad, la inteligencia, en esa guerra por adaptar las propias ideas a las circunstancias penosas que nos gobiernan! El personaje de la pieza es Claudia Pérez Espinosa, Doctora en Sociología y profesora en una cátedra, que ha sufrido una caída en el vacío que no la voy a adelantar ya que es uno de los disparadores significativos en esta obra. Esa caída es la que la introdujo y la explusó del mundo académico en el mismo acto contradictorio. Años después, vencida la vergüenza, Claudia viene a enfrentarse a esa misma clase. Sus armas son pocas: lecturas de Foucault, de Blanchot, de la teoría de la sociedad disciplinaria, de la mano invisible que gobierna al mercado, de la tiranía de la imagen múltiple y sempiterna por encima de las ideas y el pensamiento. Parecería que una vez cruzado el umbral del honor, el pundonor, no hay vuelta posible.

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¿Por qué una socióloga que dicta una clase sobre las conceptualizaciones de Foucault? ¿Qué dice la obra sobre la transmisión de los saberes que nos dejó este gran filósofo francés?

Lo fantástico del texto de Andrea es que –adicionalmente- está basado en ideas riquísimas, a primera impresión muy extrateatrales, pero que son conocimientos reales, saberes poderosos, ideas rocas de debatir. Andrea se las arregla para conmovernos y a la vez transmitir estas ideas, que en otro contextos tal vez podrían parecer aburridoras, o abrumadoras. Foucault es, para muchos teóricos, una influencia peligrosa: no sólo tiene razón en lo que cita, sino que además es la excusa perfecta para la inacción, para la desesperanza. Si el sistema te va a usar de todos modos, si va a usar incluso tu rebeldía, es mejor quedarse quieto. Es contra este pegamento que chorrea de Foucault que el espectáculo se rebela, se retuerce. Hay que encontrar las grietas en el sistema que Foucault declaró inexistentes.

Esto de las grietas me resulta muy de nuestra argentinidad y parecería que de la grieta se podría vislumbrar la luz en plena oscuridad. Entonces me cabe la pregunta si desde el lugar de poder de la profesora universitaria, ya que para Foucault el saber es poder, ¿qué sucede cuando se ejerce este poder advirtiendo que se está inmerso dentro de los intersticios de las redes del poder? ¿Es posible desarticular el poder dentro del poder? ¿Algo de esto nos enseña Foucault y la obra de teatro?

No nos enseña nada, pero sí se pone como ejemplo de esa paradoja. ¿Qué hacemos con todo este conocimiento? En un momento muy alto de la pieza, Claudia se lamenta: “Hubiera preferido no pensar nunca en esto”. ¿Cómo hace alguien que sabe (alguien que “puede”) para seguir con su vida como si nada luego de haber sabido (“podido”)? Vivimos atrapados en matrioshkas de conocimientos cada vez más grandes, más complejos, más hipervinculares, que son a la vez nuestra propia prisión para mantenernos en la inacción. Claudia intenta tal vez un rito para cortar esa inacción. Un rito destinado a arrastrarnos al fondo del foso. Andrea intenta otro rito superpuesto al de su personaje: hacer teatro con estos temas tan complejos y tan estimulantes.

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Rafael gracias nuevamente por la entrevista, personalmente, si pienso que nos enseña mucho el teatro cuando aborda las complejidades y las paradojas, y tengo la esperanza que nos abra el camino para salir de la prisión que nosotros mismos hemos armado como sociedad. Gracias por esa apertura al mundo de lo Inconsciente y ayudarnos a la toma de poder y de consciencia.

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